A finales de 2025, el 18 de diciembre, la Agrupación de Estudiantes 21 de junio, organización estudiantil de Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, llevó a cabo la Conferencia Antiimperialista contra la agresión a Venezuela y el Caribe. Contó con una amplia mesa de expositores, entre ellos el Cónsul de Venezuela en Uruguay, Pedro Sassone; y nuestro camarada, el Secretario Político de Congreso del Pueblo y dirigente de SUINAU, Diego Peña.
A continuación presentamos su intervención transcripta y, luego, el registro audiovisual.
Diego Peña: El capitalismo en su última fase, la imperialista, la revolución tecnocientifica aplicada a la producción, ha elevado los niveles de super producción como nunca antes en la historia de la humanidad, sin embargo la propia contradicción del sistema capitalista, acelera cada día los periodos de su descomposición, con crisis cíclicas mucho más frecuentes, con una concentración de riqueza que, cada mes, rompe nuevos records.
85 personas, poseen el equivalente a la riqueza de 3500 millones de personas. Mientras tanto, 690 millones de personas padecen hambre. 207 millones están desempleadas. 9 millones de personas mueren por año, por enfermedades curables. 100 empresas son responsables del 71% de las emisiones contaminantes y asi podemos seguir. Nuestro planeta está siendo destruído por la vorágine de las grandes empresas de elevar su tasa de ganancia..
El intento de invasión de Estados Unidos a Venezuela debe ser comprendida en el marco histórico de la lucha de clases, de transición de un sistema por otro, hoy signado por el debilitamiento del imperialismo norteamericano y el surgimiento de nuevas potencias que disputan la hegemonía global sobre nuevas bases de relacionamiento, social, político y económico. El auge y fortalecimiento de los BRICS — expresa el reacomodo del sistema capitalista, cuestionando el mundo unipolar que Estados Unidos intentó consolidar tras la caída del bloque socialista, bajo los augurios de Fukuyama del fin de las ideologías. En este escenario, el imperialismo norteamericano ya no avanza desde una posición de fuerza impoluta, sino desde una decadencia estructural que pone al desnudo su naturaleza de clase de carácter fascista.
El debilitamiento económico, la crisis interna y la pérdida de influencia global empujan a Estados Unidos a reafirmar su dominio en lo que históricamente consideró su “patio trasero”: América Latina y el Caribe. Venezuela aparece así como un objetivo estratégico central. No solo por sus inmensas reservas de petróleo, gas y minerales, sino también por lo que representa simbólicamente: el proceso político bolivariano de pueblo y gobierno que se propuso disputar la soberanía sobre los recursos naturales y ensayar un camino de liberación nacional propio, de cara al socialismo. En un mundo donde China y Rusia expanden su presencia económica, financiera y militar, Venezuela se vuelve una pieza clave en la disputa geopolítica global.
En este contexto, la amenaza de invasión no se expresa únicamente en términos militares clásicos. Se trata de una invasión latente, multiforme, que combina bloqueo económico, guerra mediática, sabotaje interno, intentos de magnicidio, desconocimiento diplomático y construcción de “oposiciones” funcionales al imperialismo. Esta forma de agresión permanente remite a una caracterización más amplia del momento histórico que atraviesa el capitalismo en su fase imperialista. Los buques de Guerra en el caribe, representa la sintesis politica de lo que fue el intento golpista contra el movimiento chavista desde principio de siglo, mediante el golpe de estado en el 2002 a Chavez, las guarimbas encabezada por mercenarios, el desabastecimiento, los atentados a distintos puntos estratégicos de Venezuela, la expropiación de recursos economicos del gobierno Venezolano en el exterior, la construcción del relato de que en Venezuela hay una dictadura y donde hubo fraude electoral, la estrategia de hacer caer al gobierno, cayó por su propio peso, en definitiva queda claro que todo fue por petróleo y recursos minerales, sobre todo porque en venezuela hay millones de venezolanos dispuestos a darlo todo por su libertad, defendiendo con su vida la revolución bolivariana.
Aquí resulta pertinente recuperar la conceptualización de Dimitrov sobre el fascismo, quien lo definió como “la dictadura terrorista abierta de los elementos más reaccionarios, más chovinistas y más imperialistas del capital financiero”. Esta definición permite entender que el fascismo no es una anomalía, sino una respuesta del capital en crisis frente a la amenaza de los pueblos organizados. En su fase de decadencia, el imperialismo recurre crecientemente a métodos fascistas: criminalización de los dirigentes revolucionarios, anulación de la soberanía popular, imposición de gobiernos títeres y uso directo o indirecto de la violencia estatal y paraestatal.
En Irak, la construcción de un falso consenso sobre armas inexistentes abrió paso al control directo de recursos y contratos millonarios. En Libia, la destrucción del Estado fue envuelta en un discurso humanitario para reordenar la geopolítica del Mediterráneo, En palestina crearon un pretexto para llevar adelante el ideario sionista de colonización desterrando y asesinando a miles de palestinos entre ellos mujeres y niños, sobre todo por el control estrategico de la ruta de la seda.
El método se repite: sanción, asfixia, demonización, intervención, invasión y apropiación.
La política de Estados Unidos hacia Venezuela —y hacia América Latina en general— se inscribe en esta lógica. Sanciones que condenan a pueblos enteros al hambre, operaciones psicológicas, campañas de desinformación y la permanente amenaza militar constituyen formas contemporáneas de esa dictadura del capital financiero a escala global. El discurso de la “democracia” y los “derechos humanos” funciona como cobertura ideológica de una práctica profundamente autoritaria y antipopular, en nombre de, se siguen cometiendo los peores crímenes contra la humanidad.
La historia latinoamericana ofrece sobrados ejemplos de esta dinámica. Desde Guatemala en 1954, pasando por Cuba, República Dominicana, Chile, Argentina, Uruguay y Brasil, hasta las guerras en Centroamérica, el imperialismo norteamericano ha intervenido sistemáticamente para frenar cualquier intento de emancipación nacional o transformación social profunda. El Plan Cóndor fue la expresión más acabada de esta estrategia contrarrevolucionaria continental: coordinación represiva, terrorismo de Estado, desapariciones forzadas y exterminio de militantes políticos y sociales para garantizar la dominación del capital financiero internacional.
Lejos de ser un episodio del pasado, el Plan Cóndor constituye un antecedente directo de las formas actuales de intervención. Hoy, en lugar de juntas militares clásicas, se privilegian los golpes “blandos”, el lawfare, la manipulación judicial y mediática, sin descartar —cuando las condiciones lo permiten— la violencia abierta. Venezuela, como antes Bolivia, Nicaragua o incluso Brasil con el golpe institucional a Dilma Rousseff, se encuentra en el centro de la ofensiva imperialista.
Frente a este escenario, la unidad antimperialista no es una consigna abstracta, sino una necesidad histórica concreta. Fortalecerla implica disputar sentido común, reconstruir memoria histórica y articular las luchas sociales y politicas en Uruguay, recomponer la idea de la unidad revolucionaria y antiimperialista de la patria grande junto a los los pueblos de America Latina, entralazado con la lucha antiimperialista y antifascista mundial.
La defensa de Venezuela es, en este sentido, la defensa del derecho de los pueblos a decidir su propio destino, defender Venezuela es defender América Latina, es defender el derecho a la autodeterminación.
Organizar y movilizar a nuestro pueblo para contraponer el relato construido por los grandes medios de comunicación, es la tarea del ahora, aportar herramientas para comprender que la agresión imperial nunca busca más democracia o más derechos, sino mayor subordinación y saqueo.
Continuar forjando la unidad política y social, fortalecer las organizaciones de nuestro pueblo, los sindicatos, los movimientos sociales y los espacios de formación política, es parte central de ésta disputa. Como enseñan la historia y los pueblos de nuestra América Latina, sólo la unidad consciente, organizada y movilizada podrá frenar al imperialismo en todo nuestro continente.
VIVA LA AUTODETERMINACIÓN DEL PUEBLO VENEZOLANO
VIVA LA UNIDAD REVOLUCIONARIA Y ANTIIMPERIALISTA DE AMÉRICA LATINA
EL IMPERIALISMO NO ES INVENCIBLE
NO PASARÁN