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Ricardo Altamirano Alza nació en Mercedes, Soriano, el 4 de agosto de 1934. En agosto de 1976, mientras buscaba trabajo en Buenos Aires, fue secuestrado por la dictadura argentina. Los datos oficiales coinciden: fue asesinado de un disparo en la cabeza el 25 de agosto de 1976 y enterrado como NN en el Cementerio de Santa Mónica, Merlo, provincia de Buenos Aires.
No figuraba en ninguna nómina de desaparecidos: su desaparición no fue denunciada, su vida, para el Estado represor, no significaba nada.
La lucha de Famidesa y el EAAF
En noviembre de 2009, el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) exhumó una tumba anónima donde halló restos de dos varones, víctimas de heridas de bala. En aquel momento la tecnología genética y la falta de muestras familiares imposibilitaron la identificación.
Hoy, gracias al trabajo persistente del EAAF y la tenacidad de Famidesa, se ha realizado la identificación: año 2025, casi 49 años después del crimen, el cuerpo de Ricardo ha sido reconocido por fin.
Famidesa anunció en redes que “los restos de Ricardo esperan hoy para reencontrarse con su familia, con su hijo que por tantos años lo ha buscado”.
Trasfondo: el Plan Cóndor y la represión regional
Este hecho se inscribe en el plan criminal del Plan Cóndor, donde las oligarquías del Cono Sur aliadas al imperialismo y las dictaduras militares coordinaban la represión transnacional contra el pueblo. Uruguay, que padeció su propia dictadura, no fue ajeno a esta lógica asesina. Casos como el de Altamirano Alza evidencian la profundización del terrorismo de Estado extendido más allá de la geografía nacional
Ricardo fue devuelto al corazón del pueblo. Su nombre vibra ahora en la memoria colectiva, donde ningún torturador, ningún cómplice, podrá borrarlo. Cada hallazgo como este reafirma nuestra marcha hacia la la verdad y la justicia.