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Semblanza a Ruben Rada

Ícono popular de la cultura uruguaya

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Rubén Rada es una de las figuras fundamentales de la cultura popular uruguaya. Su muerte, ocurrida el 26 de agosto de 2026, deja una obra que atraviesa casi siete décadas de la música nacional y que está profundamente vinculada al candombe, a la cultura afro-uruguaya y a la vida de los barrios montevideanos. Pero Rada fue mucho más que un intérprete extraordinario: fue compositor, percusionista, cantante, actor y comunicador, y participó de algunas de las experiencias que transformaron la música uruguaya en la segunda mitad del siglo XX. Nacido en Montevideo el 16 de julio de 1943, creció en un hogar extremadamente humilde y comenzó a vincularse con la música desde niño, integrando a los diez años la comparsa Morenada. Luego pasó por La Nueva Milonga, Cubanacán y Los Hot Blowers, hasta formar parte de El Kinto, Tótem y Opa, agrupaciones decisivas para el desarrollo del candombe beat y de la fusión entre las raíces afrouruguayas, el rock, el jazz y otros lenguajes musicales.

Su obra musical es inseparable de esa capacidad para incorporar distintas tradiciones y convertirlas en una expresión propia. “Las manzanas”, compuesta en 1969 junto a Eduardo Mateo en el marco de Musicasión, se convirtió en uno de los primeros grandes éxitos del candombe-beat y abrió el camino de su carrera solista. A ella se sumaron canciones que terminaron formando parte de la memoria colectiva del país, como “Candombe para Gardel”, “Mi país”, “Terapia de murga”, “Montevideo” y “Malísimo”. Pero reducir su repertorio a sus canciones más festivas implica borrar una parte importante de su producción. La crítica social aparece en “Dedos”, grabada con Tótem, en “Biafra”, “Flecha verde” y “El ómnibus”, entre otras. En una entrevista de 1989, cuando le señalaron precisamente su tendencia sociopolítica, Rada respondió que no se consideraba un gran letrista político y que prefería no caer en la demagogia, pero agregó una definición importante: “cuando siento algo, y cuando tengo ganas de decir cosas, las digo”.

En “Dedos”, grabada con Tótem en 1971, aparece una de las expresiones más claras de esa relación entre música y contexto político. La canción fue construida en un período en que la represión, la censura y el autoritarismo ya formaban parte de la vida cotidiana uruguaya. Décadas después, Rada explicó que había que escribir cuidadosamente porque, si los militares comprendían lo que realmente se estaba diciendo, “íbamos todos en cana”. También recordó que la policía y los militares llegaron a detenerlo durante la dictadura y que, en una ocasión, logró salir de una situación de peligro porque uno de los agentes lo reconoció y le pidió que cantara “Las manzanas”.

Rada terminó marchándose del país en 1973 y comenzó una etapa de exilio que lo llevó primero a Argentina y posteriormente a Europa y Estados Unidos.

“El ómnibus” es otra expresión de crítica social. Allí aparece el Montevideo de los barrios, los amigos que no pudieron progresar y la “gente postergada” que sobrevive en condiciones de necesidad. No es una canción de consigna. Su contenido social está precisamente en la descripción de una realidad cotidiana, en la constatación de que para una parte de la población el progreso prometido no llegó. En una entrevista recordó que durante su infancia llegó a cantar para conseguir comida y que, ya adulto, debió emigrar porque en Uruguay los músicos podían trabajar toda la noche y prácticamente no obtener ingresos. “Si no venís de una familia piola o no tenés plata, tenés que salir”, explicó en 2021 al hablar de las condiciones materiales de los trabajadores de la cultura.

Hay además una dimensión política de Rada que muchas veces se intenta diluir detrás de la imagen del artista “chistoso”, del hombre alegre que hacía reír y cantar a varias generaciones. Esa imagen existe y forma parte de su personalidad, pero resulta reducida. Rada fue públicamente frenteamplista durante décadas. En 1999 integró la lista 77 junto a Gustavo Nocetti como candidato al Órgano Deliberativo Nacional del Frente Amplio. Muchos años después, recordaba aquella experiencia con su habitual humor diciendo que había estado “a punto de ser presidente”. También participó activamente de campañas electorales frenteamplistas y respaldó públicamente a candidatos de la fuerza política. En 2023 fue todavía más explícito:

“El 80% de la gente me quiere, los demás no me bancan por ser del Frente y de Peñarol”.

En 2024 actuó en el cierre de campaña de las elecciones internas del Frente Amplio en el Palacio Peñarol y en el cierre de la campaña nacional de octubre.

Su vínculo con la política tampoco puede separarse de su concepción de la cultura. En 2021 fue contundente al señalar que “la cultura nunca fue respetada en Uruguay”, y explicó que durante años los músicos trabajaban en condiciones precarias y que la falta de oportunidades había obligado a muchos artistas a emigrar. Esa experiencia material permite comprender mejor su defensa permanente de la cultura popular. Rada conoció desde adentro la relación entre trabajo, pobreza, mercado cultural y producción artística. Su crítica no surgía de una elaboración académica, sino de haber vivido esas condiciones como trabajador de la cultura.

Y después está Rada como persona. Formó parte de una manera de relacionarse con la gente y de entender el espectáculo. En una entrevista recordaba que quería que sus conciertos fueran espacios donde el público pudiera divertirse y contaba que, incluso cuando interpretaba canciones tristes como “Mi país”, buscaba inmediatamente recuperar la alegría. En otra entrevista, ya a los 80 años, se definió por su vitalidad y por su necesidad permanente de hacer música: “Cansarme de escuchar música, nunca”, decía en 2026. Esa energía convivía con una profunda conciencia de su propia historia. Hablando de su lugar como artista negro popular, reconoció que llevaba “el peso de mi raza” sobre sus hombros y expresó su deseo de que hubiera más artistas negros ocupando lugares de reconocimiento.

En su despedida, la Academia Nacional de Letras destacó precisamente esa combinación de alegría, humor, generosidad, lucha y denuncia. Mauricio Ubal señaló que Rada “nunca se mareó con su fama y su carisma” y que continuó vinculado a su barrio, a su gente y a los dolores de quienes habían nacido como él. Es una caracterización especialmente acertada porque permite comprender la dimensión humana de su legado sin convertirlo en una figura idealizada. Rada tuvo contradicciones, humor, errores, opiniones discutibles y una trayectoria atravesada por distintas etapas, pero mantuvo algo fundamental: una relación concreta con su pueblo y con la cultura que lo formó.

Rubén Rada pertenece ya a la historia de la cultura uruguaya. Su aporte musical fue decisivo. Desde el candombe de los barrios hasta la experimentación con el rock, el jazz, el funk y la murga; desde las canciones de humor hasta las que registraron la desigualdad, la censura y la realidad de los sectores postergados; desde los escenarios hasta su participación política, Rada construyó una obra profundamente vinculada con la sociedad que lo vio nacer. Su legado no está solamente en las canciones que aprendimos a cantar. Está también en haber demostrado que la cultura popular puede ser masiva sin dejar de estar arraigada en una historia social concreta, en una identidad y en una experiencia colectiva.

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