El paro de 24 horas y la ocupación de los liceos 71 y 26 resueltos este 4 de noviembre por ADES Montevideo enfrentan el estrangulamiento presupuestal de la educación pública. La violencia que sacude a las instituciones educativas expresa de forma directa el empobrecimiento de los barrios obreros y la retirada del Estado de la contención cotidiana.
Los hechos detonantes muestran la gravedad de la situación. En el Liceo 71 de Paso Molino, una pelea terminó con un estudiante internado en CTI por un corte profundo en el brazo al romperse un vidrio. En el Liceo 26 de Jacinto Vera, personas ajenas irrumpieron en el local y golpearon a una alumna, a una docente y a un adscripto. Denuncias similares por amenazas con armas y agresiones en los accesos se acumulan en los liceos 2, 9, 11, 24, 41, 43, 52, 65, 69 y 70.
La presidenta de ADES Montevideo, Verónica Méndez, ubicó la raíz del conflicto en declaraciones al portal del PIT-CNT: «La violencia que vemos en los liceos es la que también existe en la sociedad». Los centros educativos absorben el impacto de salarios deteriorados, carestía, hacinamiento y desamparo estatal en las barriadas obreras. Exigir armonía institucional mientras el modelo económico degrada la vida cotidiana responsabiliza a las comunidades educativas y encubre el desfinanciamiento del sistema.
Las autoridades de la ANEP responden gestionando la escasez. El Liceo 26 alberga tres turnos de bachillerato, incluido el nocturno, pero cuenta con apenas unas horas de cobertura de portería al día. Con los portones desguarnecidos, el control de los accesos recae sobre adscriptos sobrecargados por grupos superpoblados.
El sindicato rechaza la respuesta policial y la militarización de los accesos. Proteger a estudiantes y trabajadores requiere soluciones materiales: porteros durante toda la jornada, cargos de adscripción suficientes y equipos multidisciplinarios radicados de forma permanente. Hoy los escasos psicólogos y asistentes sociales de Secundaria intervienen tarde, convertidos en brigadas de emergencia que recorren liceos cuando el conflicto ya estalló.
El gobierno prioriza las metas de ajuste fiscal y los privilegios tributarios al gran capital antes que la seguridad en las aulas públicas. Ocupar los liceos 71 y 26 reafirma la huelga como herramienta legítima frente a la desidia patronal. La lucha de ADES interpela a todo el movimiento sindical: sin presupuesto no hay educación digna para los hijos de la clase trabajadora.
