Quienes trabajamos en UTU conocemos el deterioro sostenido de las condiciones de trabajo en la educación: una carga administrativa creciente, grupos sobrepoblados, situaciones de violencia, falta de recursos y una recuperación salarial insuficiente frente al deterioro acumulado. Estas condiciones, sostenidas muchas veces por el esfuerzo y el compromiso de los propios trabajadores, terminan afectando la salud, el trabajo y repercuten directamente sobre la calidad de la educación. Para comprender las causas de esta situación, sin embargo, es necesario ubicar la realidad educativa dentro de las condiciones económicas y políticas más generales en las que se desarrolla.
El imperialismo norteamericano enfrenta el ascenso económico de China y el fortalecimiento de espacios como los BRICS, que le disputan su hegemonía mundial. Estados Unidos utiliza la guerra, las sanciones y la presión económica para preservar su dominio. En América Latina, esta disputa también se expresa mediante los organismos financieros internacionales, que condicionan las políticas económicas de los países dependientes a través del crédito, las recomendaciones de política y las condiciones asociadas al financiamiento. Estas orientaciones presionan sobre el gasto público, las prioridades presupuestales y las reformas del Estado, alcanzando también a la educación. Por eso, la defensa de una educación pública con presupuesto digno es inseparable de la defensa de la soberanía nacional sobre las decisiones económicas y sociales.
Nuestro país ocupa una posición subordinada dentro de la división internacional del trabajo. La primarización de la economía, la extranjerización de la tierra, la presencia del capital transnacional, la expansión de sectores vinculados a la soja, la celulosa y otras actividades extractivas y exportadoras expresan el lugar que ocupa Uruguay en la economía mundial. ¿Qué tiene que ver eso con la educación? La educación técnico-profesional no se organiza en el vacío. En una economía dependiente como la uruguaya, su orientación queda condicionada por la estructura productiva existente y, por tanto, por las necesidades de los sectores dominantes del capital. La Transformación Educativa fue defendida en un comunicado del FMI publicado el 8 de julio de 2024, donde, junto a la Reforma Previsional, los caracteriza como cambios que “brindan el espacio de política macroeconómica necesario para enfrentar los riesgos internos y externos y respaldar el crecimiento a largo plazo”. ¿Para qué proyecto económico se forman esos trabajadores? ¿Quién define qué conocimientos se desarrollan? ¿Qué sectores reciben inversión, equipamiento y expansión de la oferta? ¿La formación técnica está orientada a transformar la estructura productiva nacional o a abastecer de fuerza de trabajo calificada al patrón de acumulación existente?
Nosotros sostenemos que Uruguay necesita superar la dependencia, con un proyecto productivo soberano basado en la industrialización, la incorporación de valor agregado, la investigación científica y el desarrollo de producción calificada, la soberanía alimentaria, energética y de las tecnologías de la información. Para avanzar hacia ese objetivo, la lucha por la educación debe ser también una lucha antiimperialista y profundamente política.
El gobierno frenteamplista ha introducido cambios que valoramos respecto al período anterior: recuperó espacios de participación docente como las ATD, abrió instancias de revisión de la Transformación Educativa y desarrolló políticas concretas de inclusión y revinculación educativa. La ampliación de las Becas Butiá y programas como Volver a los Sueños expresan una orientación distinta frente a las situaciones de mayor vulnerabilidad. Sin embargo, estos avances no constituyen todavía una ruptura con la orientación estructural heredada de la Transformación Educativa ni resuelven las condiciones materiales que atraviesan a la educación pública. Las propias ATD continúan cuestionando la TE y reclamando una transformación construida con participación docente. A esto se suma una política presupuestal que mantiene límites importantes: mientras se anuncian nuevas políticas y ampliaciones de cobertura, el presupuesto aprobado establece para ANEP un incremento salarial de apenas 0,6% para enero de 2027. La disposición al diálogo y las medidas positivas deben ser reconocidas, pero no pueden sustituir una política de fondo que revierta el deterioro acumulado, fortalezca las condiciones de trabajo y modifique la orientación de la educación pública en función de las necesidades del pueblo.
Para mejorar las condiciones de la educación necesitamos poner a nuestro pueblo a la ofensiva en la lucha reivindicativa, fortaleciendo AFUTU y la CEU y construyendo organización desde cada centro educativo. Las conquistas se alcanzan con organización y movilización de estudiantes y trabajadores. LUCHAR PARA AVANZAR es nuestra consigna: organizarnos para defender nuestros derechos, conquistar mejoras concretas y acumular fuerzas para transformar la educación pública. Es en ese sentido que fundamos la Agrupación Antón Makarenko del Partido Congreso del Pueblo, un espacio que nuclea a estudiantes, funcionarios docentes y de gestión y servicios para aportar a la organización y a la lucha por una educación popular y antiimperialista.
Hacemos homenaje en nuestro nombre a Antón Makarenko porque reconocemos en su obra una concepción de la educación vinculada a las condiciones materiales de existencia, al trabajo colectivo y a las relaciones sociales en las que se desarrolla. Entendemos que toda transformación educativa profunda exige intervenir sobre esas condiciones. No renunciamos a conquistar mejoras concretas ni a resolver las necesidades inmediatas de estudiantes y trabajadores de la educación; cada conquista es parte de la lucha. Pero sostenemos que los paliativos no alcanzan. Luchamos por las transformaciones políticas estructurales que permitan abrir una nueva etapa para la educación, fundada en las necesidades del pueblo y orientada a la formación integral de quienes participan de la producción y de la vida social. ¿Queremos una UTU que forme trabajadores únicamente para ocupar los puestos que requiere la actual estructura productiva dependiente o una institución capaz de aportar a la construcción de nuevas capacidades productivas, industriales, científicas y tecnológicas bajo un proyecto de desarrollo soberano?
Nos proponemos: 1) Bregar por una educación pública, popular y con presupuesto digno, defendiendo el salario y las condiciones de trabajo de quienes sostienen diariamente la educación técnico-profesional. 2) Promover la participación organizada de estudiantes y trabajadores de la educación, aportando al fortalecimiento de AFUTU y la CEU. 3) Defender una educación técnico-profesional vinculada al desarrollo soberano de las fuerzas productivas, que forme trabajadores con conocimientos científicos, técnicos y críticos, y no solamente fuerza de trabajo adaptable a las demandas inmediatas de las empresas. 4) Combatir la subordinación de la educación a los intereses del capital y del imperialismo, rechazando que la planificación educativa sea definida por organismos financieros internacionales, corporaciones privadas o necesidades empresariales coyunturales. 5) Impulsar una educación integral, que articule trabajo intelectual y manual, teoría y práctica, formación técnica, científica, humanística y política. 6) Defender una transformación de la matriz productiva nacional, capaz de desarrollar industria, ciencia y tecnología bajo orientación soberana y en función de las necesidades sociales.
La Agrupación Antón Makarenko es un espacio abierto para quienes estudian y trabajan en UTU y creen que las cosas pueden ser distintas. Para quienes no se resignan a naturalizar el deterioro, para quienes quieren organizarse con otros, discutir nuestros problemas y transformar la realidad desde cada centro educativo. Convocamos a estudiantes, docentes y trabajadores de gestión y servicios a encontrarnos, aportar ideas y construir juntos una UTU pública, popular y al servicio del pueblo.
Sumate a LUCHAR PARA AVANZAR.
