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Informe sobre la distribución funcional del ingreso

El rezago del salario frente al crecimiento económico

5 min de lectura

El informe sobre la masa salarial publicado por el Instituto Cuesta Duarte en octubre de 2026 demuestra una pauta constante de la economía uruguaya: la riqueza global generada por la sociedad crece a un ritmo superior a la parte que retiene la clase trabajadora. Aunque el salario real y el volumen total de asalariados alcanzaron en 2025 sus valores más altos de las últimas décadas, la participación de la masa salarial en el Producto Interno Bruto (PIB) se ubicó en un 40,7%, exactamente la misma cifra de 2019 y un 12% por debajo del registro de 1998. La expansión económica del país beneficia de forma prioritaria a los dueños del capital, ampliando la brecha de apropiación del excedente productivo.

El concepto clave radica en la distribución funcional del ingreso. A diferencia de las mediciones de distribución personal, que agrupan a los individuos por estratos de ingreso monetario sin considerar de dónde provienen sus recursos, la distribución funcional mide el reparto objetivo del valor nuevo entre trabajo asalariado y capital. La masa salarial representa el ingreso monetario total obtenido por el conjunto de los trabajadores formales, tanto públicos como privados. Su magnitud resulta de combinar tres factores: la cantidad de asalariados registrados, las horas efectivas que trabajan y el nivel de sus salarios medido a través del Índice Medio de Salarios Real (IMSR).

En el período comprendido entre 1998 y 2025, estos tres componentes mostraron trayectorias divergentes. La cantidad de trabajadores asalariados pasó de 970.000 a 1.250.000, lo que representa un aumento del 29% y empata el récord previo de 2014. En forma simultánea, la jornada laboral media disminuyó de unas 42 horas semanales a cerca de 38, registrando un descenso del 10%. Al cruzar la mayor cantidad de personas con menos horas semanales por puesto, las horas totales de trabajo asalariado en la economía crecieron un 17%. Por su parte, el salario real acumuló un incremento del 32% en la serie. La combinación de más horas trabajadas en el conjunto social y mayor salario real elevó el índice de masa salarial un 54% respecto a 1998.

El dato determinante surge cuando esta masa salarial se confronta con la evolución de la producción global. Durante esos mismos veintisiete años, el Producto Interno Bruto de Uruguay creció un 74%. Dado que el producto general creció a una tasa muy superior a la masa de remuneraciones, la porción del ingreso nacional retenida por los asalariados perdió peso relativo. Cada hora de trabajo genera hoy un volumen de valor superior al de fines del siglo pasado gracias al avance técnico y la intensificación productiva, pero la compensación salarial creció con lentitud en relación con esa riqueza adicional. El diferencial entre ese 74% de crecimiento del producto y el 54% de expansión salarial fue capturado por los beneficios patronales, las rentas agropecuarias y la ganancia financiera.

La evolución histórica de este indicador refleja los cambios en la correlación de fuerzas de clase. En el pico de la crisis bancaria y productiva de 2002-2003, la oligarquía descargó el peso del colapso sobre las espaldas del pueblo: la participación salarial cayó al piso histórico del 36,1% del producto, tras haber alcanzado un 47,4% en 2001. A partir de 2004, la reactivación de los Consejos de Salarios, el aumento sostenido del salario mínimo y la movilización sindical permitieron recuperar terreno hasta situar la participación salarial en el 43,1% del PIB en 2014. Sin embargo, ese proceso encontró un techo impuesto por las exigencias de rentabilidad empresarial. Entre 2014 y 2019 comenzó un retroceso hasta el 40,7%, profundizado drásticamente durante la pandemia, cuando la caída salarial y el uso masivo del seguro de paro hundieron la masa salarial al 37,9% en 2022. La recuperación posterior culminada en 2025 simplemente devolvió el indicador al punto previo a la crisis sanitaria, convalidando una pérdida estructural de participación frente a 2014 y frente al inicio de la serie.

El comportamiento del último año ratifica esta tendencia. Durante 2025, la masa salarial tuvo un avance del 0,7%: los asalariados crecieron un 0,2%, las horas semanales bajaron un 0,5% y el salario real aumentó un 1,1%. En el mismo año, el PIB creció un 1,8%. Al avanzar la producción más del doble que la masa salarial, la participación de los trabajadores en el producto cayó un 1% respecto a 2024. Hacia 2026, las proyecciones asociadas a la 11ª Ronda de Consejos de Salarios sugieren una estabilidad casi vegetativa. Cualquier eventual incremento decimal en la participación obrera derivará del enfriamiento del producto nacional antes que de un salto en los ingresos de los hogares asalariados.

Karl Marx explicaba en Trabajo asalariado y capital que el salario relativo expresa la parte que le toca al trabajo en el nuevo valor generado en confrontación directa con la parte del capital. Aunque el poder adquisitivo individual o el número de ocupados alcancen marcas estadísticas altas, la tasa de explotación se eleva si el capital retiene una tajada mayor de la producción social. Limitar las plataformas reivindicativas a la mera compensación de la inflación pasada deja intacta esta transferencia de riqueza hacia la burguesía. La disputa de fondo exige vincular los aumentos salariales al crecimiento efectivo de la productividad, reclamar la reducción de la jornada de trabajo sin merma en los sueldos y exigir mayor presión fiscal sobre las ganancias patronales y las rentas de la oligarquía.

Presentación del informe

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